Certificación del hidrógeno renovable: qué es, para qué sirve y qué exige Europa
06 abr 2026El hidrógeno renovable se ha convertido en una de las piezas más visibles de la transición energética europea, pero su definición no depende solo del lenguaje de mercado.
En el marco de la Unión Europea, no basta con presentar un proyecto como “hidrógeno verde” para que ese producto sea reconocido como renovable a efectos regulatorios. La Comisión Europea lo vincula expresamente a la categoría de los renewable fuels of non-biological origin o RFNBO, es decir, combustibles renovables de origen no biológico.
Esta precisión importa porque el mercado europeo está avanzando desde una fase de expectativa hacia una fase de verificación. El interés por el hidrógeno sigue creciendo por su potencial para descarbonizar sectores donde la electrificación directa resulta difícil o costosa, pero la utilidad económica del producto depende cada vez más de poder demostrar bajo qué condiciones se ha producido.
Qué significa RFNBO
RFNBO es la sigla utilizada por la normativa europea para referirse a determinados combustibles renovables producidos a partir de electricidad renovable y no procedentes de biomasa. En el caso del hidrógeno, esta categoría es la que permite encajar la producción por electrólisis dentro del marco regulatorio comunitario, siempre que se cumplan requisitos concretos sobre el origen de la electricidad y el cálculo del ahorro de emisiones.
Esto es importante porque en la práctica existe una diferencia entre el uso divulgativo de expresiones como “hidrógeno verde” y el uso regulatorio del término RFNBO. El primero puede funcionar como concepto general; el segundo es el que tiene efectos reales en cumplimiento, elegibilidad y reconocimiento dentro del mercado europeo.
Para qué sirve la certificación del hidrógeno renovable
La certificación cumple varias funciones. La primera es aportar un marco verificable para demostrar que un determinado hidrógeno cumple los requisitos aplicables. La segunda es facilitar la confianza entre productores, compradores, financiadores y administraciones. La tercera es ayudar a que el atributo renovable del producto tenga utilidad práctica en operaciones, contratos y procesos de due diligence. La Comisión Europea ha reconocido esquemas voluntarios para demostrar conformidad con estos requisitos, entre ellos CertifHy conforme a RED II/III, mediante una decisión de ejecución adoptada en diciembre de 2024.
En este contexto, la certificación no debe verse solo como una validación final. También puede influir desde el diseño del proyecto, porque obliga a prestar atención a la trazabilidad de la electricidad, a la consistencia de los datos operativos y a la capacidad de documentar el cumplimiento de la metodología exigida por la UE. Esa lógica aplica tanto a producción dentro de la UE como a producción destinada a exportación hacia el mercado europeo.
Qué exige la normativa europea
La base regulatoria principal está en los Reglamentos Delegados (UE) 2023/1184 y 2023/1185. El primero establece las reglas para determinar cuándo la electricidad utilizada puede considerarse plenamente renovable a efectos de producción de RFNBO. El segundo fija la metodología para calcular el ahorro de emisiones de gases de efecto invernadero.
En la práctica, este marco ha popularizado tres conceptos clave: adicionalidad, correlación temporal y correlación geográfica. Más allá del detalle jurídico, lo relevante es que un proyecto no puede limitarse a consumir electricidad y declarar que esa electricidad es renovable. Debe poder demostrar cómo se vincula la producción del hidrógeno con energía renovable conforme a la metodología de la UE.
Además, el interés regulatorio no es menor. La Comisión Europea señala que los RFNBO deberán representar al menos el 1% de la energía suministrada al transporte en 2030 y que el hidrógeno renovable deberá alcanzar el 42% del hidrógeno usado en la industria para esa fecha, con un objetivo del 60% en 2035, objetivos indicativos establecidos en RED III sujetos a implementación nacional. Esa presión regulatoria explica por qué la trazabilidad y la certificación ganan peso económico.
Qué empresas deberían prepararse
La conversación ya no afecta solo a productores de hidrógeno. También interesa a empresas que desarrollan proyectos ligados a combustibles renovables y sintéticos, a consumidores industriales, a compañías con estrategias de descarbonización y a actores financieros que analizan riesgos regulatorios. Allí donde un producto deba acreditarse como renovable conforme al marco europeo, la preparación documental y la comprensión del esquema aplicable empiezan a ser cuestiones estratégicas, no solo técnicas.
Para muchas compañías, el primer paso no es certificar mañana, sino entender qué requisitos condicionarán el diseño del proyecto, qué datos habrá que conservar, qué evidencias serán necesarias y qué diferencias existen entre certificación, garantías de origen y otras herramientas del mercado energético.
A medida que Europa eleva sus objetivos de descarbonización, comprender qué exige este marco deja de ser una cuestión puramente técnica para convertirse en un asunto estratégico. La certificación del hidrógeno renovable ya no es solo un requisito formal: se está consolidando como una auténtica infraestructura de mercado, capaz de definir qué producto puede reconocerse como renovable, bajo qué condiciones y con qué utilidad práctica para compradores, financiadores y administraciones. En ese contexto, contar con entidades independientes de verificación como DEKRA Certificación resulta clave para aportar solidez al proceso y reforzar su aceptación en el mercado.